Experimento de obediencia
Un experimento controvertido: ¿somos malos por naturaleza?
En 1961, el psicólogo Milgram realizó un experimento para entender los crueles comportamientos que se habían producido durante la segunda guerra mundial. La conclusión fue que las personas no son malas por naturaleza, que no nacemos con la necesidad de hacer el mal, pero bajo ciertas condiciones podemos llegar a comportarnos de una forma muy dañina.
El vídeo del enlace refleja la mecánica del experimento.
Los voluntarios del experimento ejercían la función de profesor, es decir evaluaban la memoria de un aprendiz situado en otra habitación.
Si el aprendiz cometía un error en la memorización de un dato, el profesor debía aplicarle una descarga eléctrica que aumentaba con cada nuevo fallo.
A medida que la intensidad de la descarga eléctrica era mayor, resultaba más difícil para el voluntario seguir con el experimento, pero una frase del investigador («el experimento debe continuar«) fue suficiente para que continuasen aplicando descargas.
El aprendiz cada vez se queja más, incluso ruega que se detenga el experimento. Lo que no sabe el profesor es que el aprendiz es otro investigador que simula recibir descargar eléctricas. Es decir, no se está midiendo la memoria de una persona (aprendiz/investigador), sino la obediencia (profesor) del voluntario.
Aproximadamente dos tercios de los participantes llegaron a apretar el botón de mayor descarga eléctrica conforme a las instrucciones del experimento, a pesar de que junto a ese botón había un cartel de peligro.
Bajo ciertas condiciones el efecto de la obediencia varía. Por ejemplo, ante varios experimentadores la persona se siente más presionada a obedecer, aunque la frase que le dicen para continuar se emita en un tono de voz normal. Si el experimentador que se sitúa frente al sujeto evaluado (profesor) simula ser un becario el efecto disminuye notablemente.
La conclusión que se extrae de estos experimentos es que no somos malos por naturaleza, sino que ciertas condiciones nos presionan para comportarnos de un modo, como la presencia de una persona con autoridad, la responsabilidad de cumplir con el deber, el grupo, entre otras, lo que no es necesariamente negativo, todo depende del sentido que tome. Así por ejemplo, usar estos ingredientes puede producir situaciones tan destructivas como un genocidio, pero también puede facilitar que una persona actúe altruistamente cuando esta es la norma del grupo al que pertenece.